11 de febrero
Benito de Aniano (c.750-821)
Fundador
Martirologio Romano
En el monasterio de San Cornelio de Indam, en Germania, tránsito de san Benito, abad de Aniano, que propagó la Regla benedictina, confeccionó un Consuetudinario para uso de monjes y trabajó con empeño en la instauración de la liturgia romana.
Consejo práctico
Convierte una buena intención en un primer paso concreto al servicio de los demás.
Biografía
(fr.: Benoît d’Aniane).
Bendecido. Decir bien de alguien.
Se llamaba Witiza y era visigodo de Aniano, en la Septimania (Languedoc); era hijo de Aigulf, conde de Maguelonne. Fue copero del rey Pipino el Breve y de Carlomagno, pero a los 20 años, tomó la resolución de entregarse a Dios. En el 774, mientras servía en el séquito de Carlomagno en su campaña de Italia contra los longobardos, estuvo a punto de ahogarse en el Tesin, cerca de Pavía, al intentar salvar a su hermano, hizo la promesa de retirarse del mundo por completo. De regreso al Languedoc se reafirmó en su resolución gracias al consejo de un ermitaño llamado Widmar y se retiró a la abadía de Saint-Seine cerca de Dijon, donde le nombraron ecónomo. Sus hermanos de religión le detestaban por severo (negaba el vino que concedía la regla), y los rigores de su ascesis parecían echarle en cara costumbres relativamente cómodas. Entonces Witiza decidió volver a su tierra natal del Languedoc, y allí junto al río Aninae, fundo una comunidad con una regla mucho mas estricta que la de san Benito, que a su juicio pecaba de condescendiente. Se le unió el anciano y piadoso Guimer o Widmar. La suma pobreza, el trabajo durísimo y los implacables ayunos (sólo pan y agua) que hacían morir a los monjes de inanición frustraron su intento, y hacia el 782, Witiza rectificó: adopta el nombre de Benito así como su regla.
El rey Ludovico Pío le ordenó asumir la vigilancia de todas las abadías de Languedoc, Provenza y Gascuña, y le encargó la reforma de todas las abadías francesas y alemanas; en 814 le nombró abad de Marmoutier, en Alsacia, y luego, más cerca de él, en Inden, donde con la ayuda de Ludovico Pío, fundó la abadía de Kornelimünster o Inden, cerca de Aquisgrán, como modelo de todas las abadías y que será el lugar de su muerte. En Aquisgrán presidió una reunión o concilio de todos los abades del Imperio (871) que marcó historia entre los benedictinos. Fue el guía y maestro de la Europa civilizada, siempre con su férreo y característico talante absoluto, disciplinado y centralizador, sin más ley que la regla, que no debía interpretarse ni comentarse, sólo cumplirse. Reformador del monacato benedictino y es considerado como “el primer artífice de la unidad cultural y espiritual europea”.