14 de julio
Camilo de Lelis (1550–1614)
Sacerdote fundador
La vida de Camilo constituye un claro ejemplo de la manera cómo Dios sabe transformar, con la ayuda humana, una existencia destinada al fracaso en una auténtica floración de virtudes.
Biografía
Eso era Camilo: un joven vagabundo y encadenado por el vicio del juego. Nació en Bucchianico, en la costa del Adriático, en el día de Pentecostés, del Año Santo 1550. Fue hijo único, y ya tardío, y quien vino a llenar de alegría el hogar. Camilo tenía un carácter duro y resuelto. Pronto quedó huérfano y Camilo quedó solo y enfermo, pues tenía una llaga que no le acababan de diagnosticar; una llaga que le acompañaría toda su vida y que le haría sufrir sin descanso. Se ofrece como soldado y participa en Túnez y en otras batallas. Arriesga su vida y las ganancias las pierde en el juego. Un día, mientras caminaba de un convento a otro, una luz lo iluminó. Sintió la llamada de Dios y cayó en el suelo llorando. Pidió el hábito capuchino. Tres veces empieza el noviciado y otras tantas se le abre la llaga y marcha a Roma. Allí, la tercera vez, descubre su vocación. Desde 1589 se entrega a los enfermos para toda la vida. Intenta fundar una cofradía para ellos. Le ponen trabas. Ni siquiera San Felipe Neri, que le apreciaba mucho, le entendió. En 1584 es ordenado sacerdote. Sale del hospital, y con un pequeño grupo, se establece junto a la iglesia de la Magdalena. El Papa Sixto V les aprueba como sociedad sin votos, para dedicarse a los enfermos. Camilo tuvo muchos conflictos, externos e internos, en su tarea. Hasta dejó el generalato de su Orden. Pero mantuvo siempre el carisma: SERVIR A CRISTO EN LOS ENFERMOS. Con su herida, con una hernia, con dos forúnculos, con un débil estómago, pasaba horas largas con los enfermos, cuidándoles como una madre, ayudándoles a bien morir, olvidándose de sí mismo, sin apenas comer ni dormir. Así vivía su sacerdocio. Consideraba el servicio a los enfermos como una acción litúrgica. Tomaba en sus brazos al enfermo como si manejara el cuerpo de Cristo. Acariciaba el rostro del enfermo como si fuera el sagrado rostro del Señor. Totalmente agotado, cayó enfermo de gravedad. El 16 de julio de 1614 volaba al cielo "su patria", como él decía. Benedicto XIV lo canonizó en 1746. Junto con San Juan de Dios, es patrono de los enfermos y enfermeros.
Consejo práctico
Atiende hoy a una persona enferma con la delicadeza con que cuidarías al mismo Cristo.