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4 de noviembre

Elena Enselmini (1218-1242)

Religiosa

Martirologio Romano

En Padua, en la región de Venecia, beata Elena Enselmini, virgen de la Orden de las Clarisas, que sufrió con admirable paciencia multitud de dolores y hasta la pérdida del habla.

Consejo práctico

Cumple con esmero un deber ordinario. Ofrece ese esfuerzo por una intención concreta.

Biografía

Era hija de la noble familia de los Anselmini de Padua. A los 13 años decidió entrar en un convento que hospedaba, en dos moradas distintas, a las monjas y a los frailes de la Orden de san Francisco, en una zona llamada "la Celda vieja" (la actual Arcella), y fue el propio san Francisco de Asís quién le impuso el velo. San Antonio de Padua, la preparó teológica y moralmente.

Durante seis años su experiencia como clarisa fue luminosa y gozosa, no obstante el rigor de la regla. Pero a los 20 años, surgieron los años de las tinieblas, tinieblas incluso en sentido físico, con enfermedades que la dejaron afásica; pero fueron sobre todo las tinieblas del alma: fue probada en la duda y en la aridez espiritual. Fue tentada en creer que todo era inútil; que la salvación eterna le sería siempre negada. Pero en los momentos de mayor desorientación íntima, se acogió a la fe y a la obediencia a los superiores. Con la tenacidad de una voluntad bien templada, era capaz de encontrar la paz y la certeza de que la Providencia la guiaba a un destino mejor.

Quedaba su enfermedad (se quedó ciega y sorda), y sólo se podía comunicar con los signos del abecedario, y así pudo expresar sus visiones místicas. Un día vio en el Paraíso numerosas almas de religiosos que vivían en comunidad, y esto la sorprendió, pues pensaba que eran las penitencias lo que nos hacía alcanzar el Cielo, en cambio le fue revelado que era la obediencia y el ejercicio de penitencia lo que hacía alcanzar el Cielo.

De complexión grácil y enfermiza, padeció en los últimos quince meses de vida repetidas fiebres, y permaneció durante tres meses sin comer, ni beber, ni pronunciar palabra. El 4 de octubre de 1231, arrebatada en éxtasis, vio a los santos Francisco y Antonio en actitud de cantar las alabanzas del Señor. En definitiva, "el cielo en la celda", hasta el 4 de noviembre, cuando expiró, a los 24 años.

Podemos decir que su cuerpo sufrió en la muerte un proceso natural de momificación y quedó intacto, y las manifestaciones de fervor son exageradas, pero revelan la espontaneidad de una devoción popular hacia esta ilustre clarisa. Su cuerpo, por una circunstancia fortuita, fue colocado en una urna y conservado en la pequeña iglesia del monasterio, hasta el año 1509, en que fue trasladado a la iglesia de Santa María de los Armenios, luego llamada de la Beata Elena. Y, desde 1810, fue trasladado a la de Santa Sofía, donde permaneció hasta el 23 de mayo de 1958, en que fue devuelto a la iglesia de La Arcella. Fue beatificada por Inocencio XII el 29 de octubre de 1695.

Ejemplo de

Fidelidad cotidiana