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30 de marzo

Juan Climaco (525/5-649)

Monje

Martirologio Romano

En el monte Sinaí, san Juan, abad, que compuso la célebre obra "Escala del Paraíso", para la instrucción de los monjes, en la que señalaba el camino del progreso espiritual a modo de una ascensión por treinta peldaños hacia Dios, debido a lo cual recibió el sobrenombre de “Clímaco”.

Consejo práctico

Escucha o interpreta una obra sagrada y conviértela en oración atenta.

Biografía

(Juan el Sinaita).

Dios es misericordioso. El que está en gracia de Dios. Admirable. Climaco = Escala.

Abogado de Antioquía que cuando supo que le llamaban "el Escolástico" (tenía 16 años) abandonó todo: a su maestro san Gregorio Nacianceno y su familia y se retiró al monte Sinaí para purgarse de toda vanidad. Tres años pasó de noviciado con el santo monje Martirio. Muerto su maestro, se fue a vivir al extremo del monte, en una pequeña laura, como un anacoreta. Allí pasó cuarenta años, dado al estudio y al trabajo, silencio y soledad, largas oraciones y corto sueño, parco en comer y prolongadas vigilias.

Su deseo era vivir completamente aislado. Pero pronto corrió la fama de sus virtudes y su sabiduría y acudieron muchos a pedirle consejo. El demonio le tentó con fuerza -lo hace en especial con todos los anacoretas- pero el Señor le ayudó. Cuando murió el abad de monte Sinaí, los monjes, conocedores de la virtud y discreción del anacoreta, le rogaron que aceptarla sucederle. Juan se opuso. Pero fue tal la insistencia que aceptó. Tenía 75 años cuando fue elegido abad o egúmeno del Sinaí, pero cuatro años después renunció al cargo.

Su vida está vinculada a su libro “Escala santa”, en el que une la elevación con la sencillez, el rigor a la serenidad, los impulsos espirituales a la agudeza sicológica y al sentido común. En treinta escalones hace recorrer todo el camino que lleva al hombre a Dios, empezando por la renuncia a sí mismo y concluyendo en el Amor al Absoluto. Ascensión en la que cada peldaño es un desprendimiento desde el simple ruido ("oponer el silencio de los labios al tumulto del corazón") y las pasiones exteriores hasta la última fortaleza del encasillado orgullo: "Los hombres pueden sanar a los voluptuosos, los ángeles a los malvados, pero a los soberbios solamente Dios". Uno de sus célebres apotegmas dice: "En un instante muchos han obtenido el perdón de sus culpas, pero nadie la tranquilidad de alma, que reclama mucho tiempo, muchas penas y muchas ayudas de Dios".

El santo abad, tan engolfado en las cosas de Dios, hizo edificar una hospedería cerca del monasterio, para atender a los peregrinos. Enterado de ello el papa san Gregorio Magno, le envió una buena cantidad de dinero para ayudarle en la construcción y manutención. Juan Climaco, cumplida su misión, descansó en el Señor.

Ejemplo de

Belleza al servicio de la feOración

Fuentes y enlaces relacionados

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