30 de mayo
Fernando, rey (1199–1252)
Obispo
En este mes reunimos a dos paradigmas del poder de la cruz: un monarca triunfal y conquistador, y la doncella guerrera Juana de Arco condenada a muerte por unos obispos.
Biografía
El rey de Castilla y la buena lorenesa, santos medievales que ciñeron espada y que en los combates de este mundo hicieron estrago entre el enemigo. Ambos, tan diferentes, son las dos caras de la Historia vista por Dios: la serenidad del éxito y el fracaso humano hasta morir en la hoguera por hereje relapsa y bruja; la lucha contra infieles y guerras enconadas entre cristianos. El soberano y la pastora de Domremy, en tierras próximas, casi vecinas. Fernando, que conquistó definitivamente buena parte de Andalucía, «no por nuestros merecimientos, sino por los de Cristo», y Juana que se pierde en campañas estériles y confusas en las que acabó abandonándole la cobardía y la ingratitud de su señor, a quien había hecho coronar. El rey santo que duerme en una suntuosa capilla de la catedral sevillana, y la Doncella de Orleáns que pereció en el fuego y cuyas cenizas se entregaron al aire de Francia, de la que hoy es patrona. Los dos, triunfo y derrota, gloria humana y frustración, logro visible y humo, grandeza y tragedia, guiados por un sentido humilde y poderoso del deber. El gran rey de los castellanos y leoneses, y la pastora analfabeta que obedeció las voces de la altura hasta morir ignominiosamente en Ruán, forman parte de los misteriosos planes de Dios, interpretando dos papeles aparentemente antagónicos de la santidad que se completan en el reverso de la Historia, más allá de lo que vemos, según la sabiduría de la Providencia.
Consejo práctico
Busca hoy a una persona alejada y acércate con respeto, paciencia y verdad en tu trabajo, con humildad.